En el Hogar de Cristo Virgen del Carmen no suele haber actividades los lunes. El espacio sólo se abre por y para el grupo de jóvenes en rehabilitación por adicciones. Es como una forma de sacarse de encima la mochila de pesares y angustias con la que cargaron durante todo el fin de semana. Además del acompañamiento terapéutico y de las actividades deportivas, los chicos participan de un espacio de diálogo y comprensión. Un espacio sagrado.
Allí, en diálogo con LA GACETA, comparten por primera vez sus historias y reconocen que, lo más difícil no es empezar a estar limpio, sino mantenerse en ese estado, cuando todo su mundo va contracorriente. “No es sólo que tengas malas juntas.... Uno mismo, por curiosidad, por no sentirse menos, agarra lo que sea. Yo empecé con la marihuana y después sentía que no me hacía nada; seguí con cosas más fuertes, como pastillas y cocaína. También he salido a robar, después consumí crack. De repente me vi solo, en mi pieza, separado de mi familia; mis hermanos me veían en la calle y no me saludaban... llegué a pesar 40 kilos; estaba abandonado. Y ahí hice un clic: le dije a mi mamá ‘no quiero esto’, y mi hermana, que es voluntaria acá, me trajo. Tomé la decisión de internarme, casi cinco meses; me hizo muy bien, me sirvió para ver las cosas de otra manera y para apreciar todo lo que tenía”, relata Leonel (22 años).
En Tucumán existe un lugar sagrado para escuchar y para no volver a la droga“Yo tengo casi la misma historia de todos. Mis papás me han tenido muy jóvenes, y viví mucho con mis abuelos. Yo los veía como padres, pero cuando se separaron, me afectó mucho, y empecé a los 13 o 14 a tomar. A los 18 ya consumía y en exceso a los 25. Ahí me di cuenta cómo estaba, me quise componer por mis hijos, yo tengo cuatro ahora, pero iba y volvía... hasta que falleció mi hermano y quebré del todo. Tuve muchos problemas con la droga y el alcohol, me volví violento, me separé de mi mujer, con la que ahora volví. Y hace un mes que estoy acá; tenés la libertad de expresarte. Todos somos iguales; en otro ambiente no podés hablar, porque quizá en el trabajo no te entienden, te discriminan, te da vergüenza... Acá estamos, estamos en camino”, asegura.
Carlos está esperando su turno para ir pronto a una fazenda. Leonel ya estuvo cinco meses en otra, pero advierte que la internación no es la cura. “Vivís todos los días con esta enfermedad; hay días en que estoy con mucha ansiedad, muy nervioso, y para combatirlo tenés que mantener la cabeza ocupada, sobre todo si vivís en un barrio donde todo el mundo consumo. Yo no conozco gente sana más que la de este grupo”, resume.
Dificultades
Esa es la mayor dificultad para estar bien -coincide el resto del grupo-. “El mayor problema es que hay mucha gente que consume y te invita a que yo vaya a lo mismo. La diferencia es que ahora puedo decir que no; antes decía a todo que sí y eso me llevaba a las recaídas”, advierte Cristian. Es lo que ellos llaman “la esquina”. Estar en la esquina, con “los changos”, y no caer, es complejo.
“Por ahí me voy a la cancha o estoy en la esquina y ellos me invitan.... yo me siento a explicarles, a decirles ‘¿pero que no te he dicho el otro día que ya no consumo?’ -dice Matías entre risas-; por ahí piensan que es algo de un fin de semana... Les cuesta entender que ya no lo hago”.
Las “turbulencias” del día a día también son un desafío. “A mí, lo que más me lleva a pensar en recaer son los problemas que puedo tener en el corazón”, resume Walter y Benjamín, el más pequeño del grupo, agrega: “las recaídas me dan en casa, con los problemas que hay en la casa. No me gusta estar ahí por eso... Además, salís a la esquina y te llaman los changos. Voy, los saludo, pero si uno aprende a decir que no, a canalizar todas esas cosas, todo mejora. Ahora he comenzado a hacer ejercicio (los chicos practican boxeo los miércoles y viernes, en el Hogar) y eso ayuda; te da aire y se hace menos complicado afrontar tu realidad”.
La clave -resumen- está en tener algún tipo de apoyo. “Sentir que alguien te escucha, te acompaña, es importante. No sólo acá, sino afuera; la mayoría nos conocemos y nos apoyamos entre todos. Eso es lo que te mantiene; saber no estas solo”, considera Leo.